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lunes, 12 de mayo de 2014



 
 
México SA
* Economía desinflada
 * SHCP: no es recesión
* ¿Entonces qué pasa?
 
Carlos Fernández-Vega
 
 
Alegraos, mexicanos crédulos e insensibles, que ya lo dijo el secretario de Hacienda, Luis Videgaray: la economía mexicana definitivamente no está en recesión. No lo estuvo en 2013 y estamos creciendo este año. Sería abiertamente incorrecto hablar de que una economía que está creciendo, y creciendo de manera más acelerada que el año pasado, estuviera en una recesión.
Ayer, el ministro del año dedicó parte de la mañana a comentar lo bien aceitada que está la economía nacional y los grandes logros alcanzados en 17 meses de gobierno peñanietista, entre los que destaca el espectacular crecimiento registrado en 2013: 1.06 por ciento, a duras penas.
Videgaray reaccionó en dichos términos a los resultados más recientes del sistema de indicadores cíclicos elaborado por el Inegi, entre los que destacaron: la economía mexicana se encontraba en fase de recesión en febrero pasado, pero acentuó su atonía en marzo. El indicador coincidente (que refleja el estado general de la economía) tuvo un descenso mensual de 0.04 puntos en febrero para colocarse debajo de su trayectoria de largo plazo por 12 meses consecutivos; mientras el indicador adelantado, que busca señalar anticipadamente la trayectoria del primero, reportó una caída de 0.04 unidades en marzo respecto a la posición observada el mes anterior. Por decimosegundo mes el indicador coincidente se localizó por debajo de su tendencia de largo plazo y refleja que el estado general de la economía es débil (La Jornada, Juan Antonio Zúñiga).
Muy alejado de esos resultados y de lo que padece el grueso de los mexicanos, lo que dice ver el ministro del año es una economía que está creciendo de manera más acelerada que el año pasado. Bueno, cada quien con sus anteojos.
Pero cómo estará la cosa que hasta la madre naturaleza brincó al escuchar la declaración de Videgaray, funcionario que se vio en la penosa necesidad de interrumpir su amena charla en el Salón Panamericano de Palacio Nacional, porque comenzó a temblar (6.6 grados en la escala de Richter) justo cuando el susodicho hablaba de lo bien que va todo (“si les parece bien hacemos una pausa porque está temblando…”, alcanzó a decir ya con un pie en la plancha del Zócalo).
Es entendible que el gobierno envíe mensajes optimistas sobre la marcha de la economía, que intente convencer a propios y extraños de que las cosas van bien. Pero de allí a que todo es maravilloso y que crece de forma acelerada, el ridículo hace la diferencia.
Instituciones, organismos, centros de estudios y demás han recortado el pronóstico oficial en materia de crecimiento económico en 2014. Lo mismo sucedió en 2013, pero se aferran al discurso. En este contexto, sólo hay que recordar que en 2008 el entonces secretario de Hacienda (Agustín Carstens, hoy en el Banco de México) procedió en igual sentido, y el resultado fue espeluznante. Pero no aprenden y, lo peor del caso, creen que alguien les cree.
En fin, que no es recesión y que todo va bien. Entonces, ¿qué es?, porque de 1980 a la fecha la siguiente gráfica indica otra cosa y deja a un lado los discursos.

Las rebanadas del pastel:
¡Sorpresa! ¿Qué sucedió con la empresa de clase mundial que tanto cacarearon en el sexenio pasado? Felipe Calderón masacró Luz y Fuerza del Centro porque, decía, sólo genera pérdidas y significaba un enorme fardo para las finanzas públicas. Inmisericorde, echó a la calle a 45 mil trabajadores y cerró la tienda, pues Luz y Fuerza del Centro, decía, era obsoleta, se manejaba mal y operaba mal, y sólo reportaba números rojos. Pues bien, a la vuelta de un lustro la Comisión Federal de Electricidad registra pérdidas acumuladas por más de 123 mil millones de pesos y contando. ¿Y cuál es la perspectiva? Al igual que Petróleos Mexicanos a esta paraestatal, ya como empresa productiva del Estado, la aventarán a los leones trasnacionales para que la terminen de despedazar. La pondrán a competir en condiciones financieras verdaderamente deplorables: altamente endeudada, con grandes pérdidas económicas y de clientela, y con el terreno ya cedido a los consorcios privados que de tiempo atrás dominan la generación de energía eléctrica. La información más reciente dice así: en 2011 la Comisión Federal de Electricidad registró una pérdida de 60 mil 495 millones de pesos; en 2012, las pérdidas se atenuaron y bajaron a 19 mil 216 millones, pero en 2013 volvieron a incrementarse ahora a 37 mil 552 millones y al cierre de enero-marzo de 2014 ascendieron a 5 mil 814 millones de pesos (La Jornada, Israel Rodríguez). Y la cereza la ponen voceros de la propia paraestatal: no es posible asegurar que la Comisión Federal de Electricidad será capaz de contrarrestar los efectos de un incremento en el precio de los combustibles, lo que puede afectar la operación y la situación financiera. Así o más competitiva para efectos de la apertura (ya legalizada) del mercado eléctrico nacional. Entonces, es más que previsible lo que sucederá con esta institución.

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